La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Unos pensaban que era mejor tender la cabeza con resolución para que cayera de un solo golpe: los otros, que sería mejor levantar los brazos para que la muerte pudiera penetrar en el corazón de todos lados; otros, en fin, que era mejor tener sus manos en las espaldas para no poder oponer resistencia alguna.

Un joven se adelantó y dijo:

—Voy a ver lo que es mejor.

Y subió a un pequeño torreón cuya reja daba al patio de la matanza, y desde allí estudió el modo de morir.

Luego se retiró diciendo:

—Mueren más pronto los que tienen la dicha de recibir el golpe en el pecho.

Oyéronse entonces estas palabras seguidas de los sollozos: «Dios mío, a vos me encomiendo».

Un hombre acababa de caer en el suelo, y se agitaba sobre las baldosas.

Era el señor de Chantereine, coronel de la guardia constitucional del rey.

Acababa de darse tres cuchilladas en el pecho.

Los prisioneros hicieron uso del arma que el infeliz dejó: pero se herían vacilantes, y solamente uno consiguió matarse.


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