La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Presidente —dijo a Maillard—, puesto que te place llamarte asÃ, espero que me hagas conducir en coche, a fin de evitarme el insulto de tus asesinos.
—Mandad que se acerque un coche para el señor conde de Montmorin —dijo Maillard con la mayor cortesÃa.
Y volviéndose hacia el señor de Montmorin, añadió:
—Tomaos la molestia de sentaros hasta que venga el coche, señor conde.
El señor de Montmorin tomó asiento refunfuñando.
Cinco minutos después se anunció que el coche esperaba. Un comparsa cualquiera habÃa comprendido el papel que debÃa desempeñar en aquel drama, y contestaba.
Se abrió la puerta fatal, la que conducÃa a la muerte, y el señor de Montmorin salió.
Apenas hubo dado tres pasos, cayó en tierra herido por veinte picas.
Después se presentaron otros prisioneros, cuyos nombres ignorados legaron al olvido.