La Condesa de Charny

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Hay en esto más parte de esa fatalidad que pesa sobre las razas que se extinguen, que de infame premeditación por parte de los jueces.

La Asamblea nacional por su parte no había regateado respecto a los gastos para la mesa del rey. Este último comía mucho, y entiéndase que esto no es una censura de nuestra parte, porque está en el temperamento de todos los borbones hacerlo así; pero el rey comía inoportunamente. Comió con gran apetito mientras que en las Tullerías se mataban, y no tan sólo en sus procesos le echaron en cara los jueces sus intempestivas comidas, sino que, y esto es más grave, la historia, la implacable historia, lo ha registrado en sus archivos.

La Asamblea nacional había concedido, pues, quinientas mil libras para los gastos de la mesa del rey.

Durante los cuatro meses que Luis XVI estuvo en el Temple, el gasto fue de cuarenta mil libras, diez mil francos al mes, o sean trescientos treinta y tres francos diarios, en asignados, es verdad; pero en aquella época estos últimos apenas perdían el seis o el ocho por ciento.

Luis XVI tenía en el Temple tres criados y trece oficiales de boca. Su comida se componía diariamente de cuatro entrantes, dos asados, cada uno de tres piezas, cuatro entremeses, tres compotas, tres platos de fruta, un garrafón de Burdeos, otro de malvasía, y uno de vino de Madeira.


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