La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Solo con sus hijos apuraba el vino; la reina y las princesas no bebían más que agua.

Por este lado, materialmente, no se podía compadecer al rey; pero lo que le faltaba esencialmente era el aire, el ejercicio, el sol y la sombra.

Acostumbrado a las cacerías en Compiegne y en Rambouillet, a los parques de Versalles y del gran Trianón, Luis XVI se veía reducido de pronto, no a un patio, no a un jardín, no a un paseo, sino a un terreno seco y desnudo, con cuatro compartimentos de césped marchito y algunos árboles achaparrados y míseros que el viento del otoño deshojaba.

Allí, todos los días a las dos, el rey y su familia se paseaban; decimos mal, todos los días se paseaba al rey y a su familia.

Esto era inusitado, cruel, feroz; pero no tanto ni tan cruel como los calabozos subterráneos de la Inquisición en Madrid, o los del Consejo de los Diez en Venecia, o los de Spielberg.

Observad bien eso; nosotros no excusamos a la municipalidad, así como tampoco a los reyes, y nos limitamos a decir: el Temple no era más que una represalia terrible, fatal, cruel y torpe, pues de un juicio se hacía una persecución, y de un culpable un mártir.

Ahora bien; ¿cuál era el aspecto de los diferentes personajes que nos hemos propuesto seguir en las principales fases de su vida?


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