La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El primer deseo del rey, luego que llegó, fue que le permitiesen ver a su familia.
Le contestaron que no tenían órdenes sobre este particular.
Entonces comprendió que, como reo de muerte, estaba incomunicado.
—Haced saber al menos a mi familia que he vuelto —dijo.
Y sin preocuparse de los cuatro concejales que le rodeaban, se puso a leer como de costumbre.
El rey abrigaba todavía una esperanza: que a la hora de cenar vería a su familia.
¡Esperanza vana!
—Mi hijo, al menos, pasará la noche en mi cuarto, pues veo aquí los objetos de su pertenencia —dijo a los municipales.
¡Ah!, el pobre preso no tenía respecto a su hijo la certidumbre que aparentaba.
Su pregunta obtuvo igual contestación que las anteriores, el silencio.
—Bien, acostémonos —dijo el rey entonces.
Clery desnudó a su amo, según costumbre, y entretanto, el rey le dijo:
—¡Ah! Clery, no esperaba yo las preguntas que me han hecho, estaba muy lejos de ello.
