La Condesa de Charny

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Capítulo CLXXVIII

El primer deseo del rey, luego que llegó, fue que le permitiesen ver a su familia.

Le contestaron que no tenían órdenes sobre este particular.

Entonces comprendió que, como reo de muerte, estaba incomunicado.

—Haced saber al menos a mi familia que he vuelto —dijo.

Y sin preocuparse de los cuatro concejales que le rodeaban, se puso a leer como de costumbre.

El rey abrigaba todavía una esperanza: que a la hora de cenar vería a su familia.

¡Esperanza vana!

—Mi hijo, al menos, pasará la noche en mi cuarto, pues veo aquí los objetos de su pertenencia —dijo a los municipales.

¡Ah!, el pobre preso no tenía respecto a su hijo la certidumbre que aparentaba.

Su pregunta obtuvo igual contestación que las anteriores, el silencio.

—Bien, acostémonos —dijo el rey entonces.

Clery desnudó a su amo, según costumbre, y entretanto, el rey le dijo:

—¡Ah! Clery, no esperaba yo las preguntas que me han hecho, estaba muy lejos de ello.


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