La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Terminada la discusión, el presidente anunció a la Asamblea que el acusado y sus defensores, estaban dispuestos a comparecer ante sus jueces.
El rey entró acompañado de Malesherbes, Tronchet y Deseze.
—Luis —dijo el presidente—, la Convención ha decidido que se os oiga hoy.
—Mi abogado va a leer mi defensa —contestó el exrey.
La Asamblea entera guardo un profundo silencio, comprendiendo que bien podrÃa dedicar algunas horas a aquel rey cuya corona habÃa sido rota, a aquel hombre a quien iban a condenar a muerte.
Acaso también aquella Asamblea, algunos de cuyos individuos habÃan dado pruebas de un talento superior, esperaba resultase alguna discusión grave y acalorada. Próxima a caer en su sangriento sepulcro, envuelta ya quizá en su blanco sudario, tal vez la monarquÃa iba a levantarse de repente, a reaparecer con la majestad de los muertos, y a pronunciar algunas de esas palabras que la historia registra y los siglos repiten.
No fue asà en verdad; el discurso del abogado Deseze fue un simple discurso de abogado.
Y sin embargo, era una causa de brillante defensa la de aquel heredero de tantos reyes, a quien la fatalidad conducÃa ante su pueblo.