La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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La nación, siempre grande y justa, se ocupará de la suerte de su familia.

Se concederán a los acreedores de su casa justas indemnizaciones.

La Convención nacional ha pasado a la orden del día en cuanto al aplazamiento.

El rey movió la cabeza y el ministro se retiró.

—Ciudadano ministro —preguntaron a Garat los municipales de servicio—, ¿cómo podrá ver Luis a su familia?

—Pues en particular —contestó Garat.

—¡Imposible! Por decreto de la Municipalidad, no debemos perderle de vista ni de día ni de noche.

En efecto; la cosa era bastante difícil, pero se concilió todo decidiendo que el rey viese a su familia en el comedor, de modo que se le pudiera ver por los vidrios del tabique, pero que se cerraría la puerta a fin de que no se oyera.

Entretanto, el rey decía a Clery:

—Ved si el ministro de Justicia está ahí todavía, y llamadle.

Al cabo de un instante, el ministro entró.

—Caballero —dijo el rey— se me ha olvidado preguntaros si se había encontrado en su casa al señor Edgeworth de Firmont, y cuándo podré verle.


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