La Condesa de Charny

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Después, no teniendo ya nada que decir ni oír, el rey retrocedió un paso, como en el tiempo en que, al dar audiencia, indicaba con este movimiento que había terminado.

Los ministros y cuantos les acompañaban salieron.

—Clery —dijo el rey a su ayuda de cámara, que se había apoyado en la pared porque las piernas le flaqueaban—, Clery pide mi comida.

Clery pasó al comedor para cumplir la orden de su amo, y allí encontró a dos municipales que le leyeron un decreto por el cual se prohibía al rey servirse de cuchillos ni de tenedores; solamente se debía confiar uno de aquellos a Clery para cortar el pan y la carne a su amo en presencia de los dos comisarios.

El decreto fue repetido al rey, por haberse negado Clery a dar conocimiento de aquella medida a su amo.

El rey partió su pan con los dedos y cortó su carne con la cuchara; contra su costumbre, comió poco, así es que concluyó en algunos minutos.

A las seis se anunció al ministro de Justicia.

El rey se levantó para recibirle.

—Caballero —dijo Garat—, he llevado vuestra carta a la Convención, y me ha encargado que os notifique la siguiente respuesta:

Luis será libre de llamar al ministro del culto que juzgue conveniente, y de ver a su familia en libertad y sin testigos.


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