La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Se accedió a la demanda con dos condiciones: la primera se reducía a que el abate escribiese una petición y la firmara, y la segunda, que la ceremonia terminase a las siete de la mañana, a más tardar, porque a las ocho en punto el prisionero debía ser conducido al lugar de la ejecución.
El abate escribió su petición, dejóla en la mesa y fue conducido otra vez a la presencia del rey, a quien anunció la buena noticia de haberse concedido lo que se pedía.
Eran las diez; el abate estuvo encerrado con el rey hasta media noche.
A esta hora, el rey le dijo:
—Señor abate, estoy cansado y quisiera dormir; necesito fuerzas para mañana.
Después llamó dos veces:
—¡Clery, Clery!
El ayuda de cámara entró, desnudó al rey y quiso recogerle los cabellos; pero el rey le dijo con una sonrisa:
—No vale la pena.
Con esto se acostó, y como Clery corriera las cortinas del lecho, díjole:
—Me despertaréis a las cinco.
Apenas apoyó la cabeza sobre la almohada, el prisionero se durmió; tan poderosas eran en aquel hombre las necesidades materiales.