La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Me seguiréis, Billot? —preguntó Gilberto levantándose.
—¿Me perdonaréis? —preguntó Billot dando un paso hacia Gilberto.
Los dos hombres se abrazaron.
—Está bien —dijo Gilberto—, marcharemos.
—¿Cuándo? —preguntó Cagliostro.
—Pues… de aquà a ocho dÃas.
Cagliostro movió la cabeza.
—Partiréis esta noche —dijo.
—¿Por qué esta noche?
—Porque yo marcho mañana.
—Y ¿adónde vais?
—Ya lo sabréis un dÃa, amigos.
—Pero ¿cómo marchar?
—El Franklin aparejará dentro de treinta y seis horas para América.
—Pero ¿y los pasaportes?
—Aquà están.
—¿Y mi hijo?
Cagliostro fue a abrir la puerta.
—Entrad, Sebastián —dijo—, vuestro padre os llama.
El joven entró y precipitóse en brazos de su padre.
Billot suspiró profundamente.