La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —No nos hace falta más que un coche de posta —dijo Gilberto.
—El mÃo espera en la puerta —contestó Cagliostro.
Gilberto se dirigió hacia un pupitre donde tenÃa su bolsa común —un millar de luises—, e hizo seña a Billot para que tomara su parte.
—¿Tenemos lo suficiente? —preguntó Billot.
—Tenemos bastante para comprar una provincia.
Billot miró en torno suyo con cierta confusión.
—¿Qué buscáis, amigo mÃo? —preguntó Gilberto.
—Busco —contestó Billot— una cosa que me serÃa inútil si la encontrase, puesto que no sé escribir.
Gilberto sonrió, cogió una pluma, el tintero y papel.
—Dictad —dijo.
—Quisiera enviar mi despedida a Pitou —dijo Billot.
—Yo me encargo de hacerlo.
Y Gilberto escribió.
Cuando hubo concluido, Billot le preguntó qué habÃa escrito, y el doctor leyó lo siguiente:
Mi querido Pitou:
Salimos de Francia Billot, Sebastián y yo, y os abrazamos tiernamente los tres.