La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Retorciéndose las manos en su pesar, exclama: «¡Asà es como se conduce a los reyes al cadalso!». Y tres dÃas después, añade: «¡Esos hombres no ven los abismos que abren bajo los pies de la monarquÃa! ¡El Rey y la Reina sucumbirán y el pueblo batirá palmas sobre sus cadáveres!».
El Rey palideció, estremecióse, y mirando el retrato de Carlos I pareció un instante inclinado a decidirse; pero de pronto, replicó:
—Hablaré de eso con la Reina y tal vez se resuelva dirigirse a Mirabeau; pero yo no le diré nada. Me agrada poder estrechar la mano de las personas a quienes hablo, señor Gilberto, y yo no quisiera, aunque me costase el trono, la libertad y la vida, estrechar la mano a Mirabeau.
Gilberto iba a replicar, tal vez a insistir de nuevo; pero en aquel instante un ujier entró.
—Señor —dijo—, la persona que Vuestra Majestad debe recibir esta mañana, ha llegado ahora y espera en las antecámaras.
Luis XVI hizo un movimiento de inquietud, mirando a Gilberto.
—Señor —dijo este—, si no debo ver a la persona que Vuestra Majestad espera, pasaré por otra puerta.