La Condesa de Charny

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Se había puesto en vigor la ley sobre el destierro de los sacerdotes no juramentados, y como ya se comprenderá, el abate Fortier, no queriendo prestar juramento, estaba desterrado.

Pero no había juzgado oportuno traspasar la frontera, y su destierro se limitó a salir de Villers-Cotterêts, donde había dejado a la señorita Alejandrina para cuidar de sus muebles, e ir a solicitar un asilo del padre Clouis, que no tuvo inconveniente en cedérselo.

La choza del padre Clouis, según se recordará, no era más que una simple gruta subterránea, donde solamente una persona se podía acomodar, aunque bastante mal; de modo que era difícil que se arreglasen allí el abate Fortier, Catalina Billot y su hijo.

Por otra parte, se recordará también la intolerancia del abate Fortier cuando murió la señora Billot; Catalina no era bastante buena cristiana para perdonar al abate que hubiese rehusado dar sepultura a su madre, y aunque hubiese sido bastante buena cristiana para perdonar, el abate Fortier era demasiado buen católico para imitar el ejemplo.

Era necesario, por lo tanto, renunciar a vivir en la choza del padre Clouis.

Resultaba la casa de la tía Angélica, en Pleux, y la pequeña cabaña de Pitou en Haramont.


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