La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Durante estos seis meses, Pitou, aunque acogido de dÃa en dÃa con la más dulce sonrisa, aunque despedido cada noche por el más tierno apretón de manos, Pitou no habÃa pensado que hubiera podido obtener un cambio tan favorable en los sentimientos de su compañera.
Pero como Pitou no era fiel ni amaba tanto con la esperanza de una recompensa, no por eso dejaba de mostrarse siempre igualmente cariñoso y enamorado de su compañera.
Esto hubiera seguido asà hasta la muerte de Catalina o de Pitou, sin que hubiese alteración alguna en los sentimientos de ambos; pero al fin la joven fue la primera en hablar, como sucede siempre con las mujeres.
Cierta noche, en vez de darle la mano, le ofreció la frente.
Pitou creyó que era una distracción de Catalina, y era demasiado honrado para aprovecharse de ella, por lo cual retrocedió un paso.
Pero Catalina, que no habÃa soltado su mano, le atrajo hacia sà y presentóle, no ya la frente, sino la mejilla.
Pitou vaciló más aún.
Y viendo esto el pequeño Isidoro, dijo al punto:
—¡Pero abraza a mamá Catalina, papá Pitou!
—¡Oh, Dios mÃo! —murmuró Pitou, palideciendo como si estuviese a punto de morir.