La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ah!, no era muy afable conmigo, pero no importa —dijo Pitou— lo sentiría mucho… ¿Cómo lo sabremos de cierto?

—¡Bah! —dijo otro vecino—, pues la cosa no es difícil, no hay más que ir a buscar a Rigolot, el cerrajero.

—Si es para que abra —dijo Pitou— es inútil; yo tenía la costumbre de abrirla con mi navaja.

—¡Pues ábrela, hijo mío! —dijo Farolet—, aquí estamos nosotros para declarar que no la has abierto con mala intención.

Pitou sacó su navaja, se acercó a la puerta, rodeado de una docena de personas que la curiosidad había atraído, y con una destreza que probaba que se había servido más de una vez de aquel medio para entrar en el domicilio de su juventud, hizo correr el pestillo.

La puerta se abriĂł.

El cuarto se hallaba en la más completa oscuridad.

A la triste y fúnebre claridad de una mañana de invierno, se vio a la tía Angélica tendida en su cama.

—¡Tía Angélica, tía Angélica! —exclamó dos veces Pitou.

La solterona permaneciĂł muda e inmĂłvil.

Pitou se acercĂł y tocĂł su cuerpo.

—¡Oh! —dijo— está fría y rígida.

Abrieron la ventana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker