La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pitou comenzó por atestar de luises todos sus bolsillos; luego, cuando hubo sacudido repetidas veces cada fragmento del ex sillón, lo instaló en la chimenea, echó yesca, mitad sobre sus dedos, mitad sobre la piedra, y con mano trémula dio fuego a la pira.
Era tiempo: Catalina e Isidorito entraban en aquel momento ateridos de frío.
Pitou estrechó al niño contra su corazón, besó las heladas manos de Catalina, y salió gritando:
—Voy a hacer una comisión indispensable; calentaos y aguardarme.
—¿Adónde va papá Pitou? —preguntó Isidorito.
—No lo sé —contestó su madre—; pero sin duda alguna, cuando se marcha tan de prisa no es para ocuparse de sí, sino de ti o de mí.
Catalina habría podido decir:
De los dos.