La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y tomó los papeles con su manita.
Todo habÃa terminado; pero con gran asombro de los asistentes, Pitou sacó del bolsillo cinco luises de oro, y entregándoselos al señor de Longpré, dijo:
—Para los pobres, señor alcalde.
Catalina sonrió.
—¿Conque somos ricos? —preguntó.
—Es rico quien es feliz, Catalina —contestó Pitou—, y acabáis de hacer de mà el hombre más rico de la tierra.
Y la ofreció su brazo, en el cual se apoyó tiernamente la joven.
Al salir encontraron toda aquella multitud que ya hemos visto en la puerta de la alcaldÃa.
Todos saludaron a los dos esposos con unánimes aclamaciones.
Pitou dio gracias a sus amigos y muchos apretones de manos; Catalina saludó a sus amigas con repetidos movimientos de cabeza.
Entretanto, Pitou se encaminaba por la derecha.
—¿Adónde vais, amigo mÃo? —preguntó Catalina.
En efecto; para regresar a Haramont, Pitou debÃa tomar la izquierda por el parque.
Para ir a casa de la tÃa Angélica debÃa seguir la lÃnea recta por la plaza del Castillo.