La Condesa de Charny
La Condesa de Charny ¿Adónde iba, pues, descendiendo hacia la plaza de la Fuente?
Esto era lo que Catalina preguntaba.
—Venid, adorada esposa —contestó Pitou—, os conduzco a un sitio que os alegraréis mucho de ver otra vez.
Pitou atravesó la plaza de la Fuente sin detenerse, tomó la calle del Ormet, y llegando a la extremidad dio la vuelta por esta callejuela, donde seis años antes habÃa encontrado a Catalina en su asno, el dÃa en que, despedido por su tÃa Angélica, no sabÃa a quién pedir hospitalidad.
—Espero que no vayamos a Pisseleu —dijo Catalina deteniendo a su esposo.
—Venid siempre —replicó Pitou.
La joven exhaló un suspiro, siguió la callejuela y desembocó en la llanura.
Al cabo de diez minutos de marcha llegó al puentecillo donde Pitou la habÃa encontrado desvanecida la noche de la marcha de Isidoro a ParÃs.
Aquà se detuvo, diciendo:
—Pitou, no iré más lejos.
—¡Oh!, señorita Catalina, llegad hasta el sauce hueco solamente.
Era el sauce donde Pitou iba a buscar las cartas de Isidoro.