La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Aunque el Rey hubiese habitado en las TullerÃas tan sólo quince dÃas desde su instalación, tenÃa entre otros aposentos, dos especiales, en los que no faltaba nada de lo necesario para el objeto a que se les destinaba.
Estas dos piezas eran la fragua y el gabinete.
Más tarde, y en una ocasión que no tuvo en el destino del desgraciado PrÃncipe una influencia menos importante que esta, introduciremos al lector en la fragua real; mas por el pronto, en su gabinete es donde tenemos que hacer; entremos, pues, detrás de Charny, que está de pie delante de la mesa a que el Rey acaba de sentarse.
Esta mesa se halla cargada de mapas, libros de geografÃa, diarios ingleses y papeles, entre los cuales se distinguen los de la escritura de Luis XVI por la multiplicidad de las lÃneas que los llenan, sin dejar blanco alguno ni arriba, ni abajo, ni en el margen.
El carácter se revela en el más pequeño detalle: el parsimonioso Luis XVI, no tan sólo no querÃa dejar el menor blanco en el papel, sino que escribÃa en este tantas letras como materialmente podÃa contener.
