La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Capítulo XXI

Aunque el Rey hubiese habitado en las Tullerías tan sólo quince días desde su instalación, tenía entre otros aposentos, dos especiales, en los que no faltaba nada de lo necesario para el objeto a que se les destinaba.

Estas dos piezas eran la fragua y el gabinete.

Más tarde, y en una ocasión que no tuvo en el destino del desgraciado Príncipe una influencia menos importante que esta, introduciremos al lector en la fragua real; mas por el pronto, en su gabinete es donde tenemos que hacer; entremos, pues, detrás de Charny, que está de pie delante de la mesa a que el Rey acaba de sentarse.

Esta mesa se halla cargada de mapas, libros de geografía, diarios ingleses y papeles, entre los cuales se distinguen los de la escritura de Luis XVI por la multiplicidad de las líneas que los llenan, sin dejar blanco alguno ni arriba, ni abajo, ni en el margen.

El carácter se revela en el más pequeño detalle: el parsimonioso Luis XVI, no tan sólo no quería dejar el menor blanco en el papel, sino que escribía en este tantas letras como materialmente podía contener.


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