La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Cómo que le escribiréis! ¿No pensáis ver a la Condesa antes de vuestra marcha?
—Me he presentado tan sólo una vez en casa de la condesa de Charny y sin pedirle permiso, y por su manera de recibirme necesitarÃa ahora nada menos que la orden expresa de Vuestra Majestad para pedirle de nuevo, señor.
—Pues entonces no hablemos más; hablaré de todo esto con la Reina durante vuestra ausencia —dijo Luis XVI levantándose de la mesa.
Después, tosiendo dos o tres veces con la satisfacción del hombre que acaba de comer bien y que está seguro de su digestión, añadió:
—A fe mÃa que los médicos tienen razón al decir que todo asunto tiene dos caras, una de enojo para el que no ha comido, y otra alegre para el que tiene el estómago repleto… Pasad a mi gabinete, querido Conde, porque estoy dispuesto a hablaros francamente.
El Conde siguió a Luis XVI, pensando en lo que algunas veces hace perder majestad a una testa coronada, y en esa parte material y vulgar que la orgullosa MarÃa Antonieta no podÃa abstenerse de criticar en su marido.