La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Hacia la mitad del puente, una mujer joven, pálida, fuera de sÃ, con la frente bañada en sudor, y que a pesar de un principio de preñez bien visible, corrÃa bien ligera hacia la Casa Consistorial, se detuvo de pronto.
Aquella cabeza, cuyas facciones no habÃa podido distinguir aún, produjeron en ella, sin embargo, el efecto del escudo antiguo.
Y a medida que la cabeza se acercaba, era fácil notar, por la descomposición de las facciones de la pobre mujer, que no se habÃa convertido en piedra.
Cuando el horrible trofeo no estuvo más que a veinte pasos de ella, profirió un grito, extendió los brazos con un movimiento desesperado y cayó desvanecida en el puente.
Aquella era la mujer de Francisco, embarazada de cinco meses.
Se la habÃan llevado desmayada.
—¡Oh! Dios mÃo —murmuró la Reina—, es una terrible enseñanza que enviáis a vuestra sierva, para demostrarle que por desgraciado que uno sea, existen otros que lo son más.
En aquel instante Gilberto entró, introducido por la señora Campan, que habÃa reemplazado a Weber para guardar la puerta real.