La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señor —dijo el joven Conde—, cuando estemos allà podremos discutir para determinar hasta qué ciudad deben aventurarse estos regimientos; pero el Rey no ignora que en Varennes no hay caballos de posta.
—Me agrada ver que estáis tan bien informado, señor Conde —dijo el Rey sonriendo—, porque esto prueba que habéis trabajado formalmente en nuestro proyecto; pero no os inquietéis por semejante cosa, pues ya encontraremos medio para que tengan allà caballos preparados más acá o más allá de la ciudad. Nuestro ingeniero nos dirá dónde es mejor.
—Y ahora —dijo el joven Conde—, ahora que estamos casi convenidos, sÃrvase Vuestra Majestad permitirme que le cite, en nombre de mi padre, algunas lÃneas de un autor italiano, tan apropiadas a la situación en que el Rey se halla, que me dio orden de aprenderlas de memoria, a fin de repetirlas al Rey.
—Decid, caballero.
—Helas aquÃ: «La dilación es siempre perjudicial, y jamás hay circunstancia del todo favorable en cuantos asuntos se emprenden; de modo que quien espera hasta que se presente una ocasión completamente propicia, jamás emprenderá cosa alguna, o si lo hace, quedará con frecuencia muy mal parado». El autor es quien habla, señor.