La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Esta circunstancia no pasó desapercibida para el señor de Provenza, que pareció tranquilizarse.
Paseó una mirada, tÃmida aún, sobre aquella numerosa reunión, en la cual hallaba por lo menos el respeto, a falta de la simpatÃa, y con voz temblorosa al pronto, pero más segura después, dijo:
—Señores, el deseo de rechazar una calumnia atroz, me conduce en medio de vosotros. El marqués de Favras ha sido arrestado anteayer de orden de vuestro Comité de investigaciones, y hoy se propaga con insistencia de que estoy en Ãntimas relaciones con él.
Algunas sonrisas entreabrieron los labios de los oyentes, y varios cuchicheos acogieron esta primera parte del discurso del PrÃncipe, que continuó asÃ:
—En mi calidad de ciudadano de ParÃs, creo de mi deber instruiros acerca de las relaciones únicas que median entre el Marqués y yo.
Como ya se comprenderá, la atención de los concejales redobló; se querÃa saber de boca del PrÃncipe, sin perjuicio de creer después lo que a cada cual le pareciera, cuáles eran las relaciones de Su Alteza Real con el señor de Favras.
El PrÃncipe continuó en estos últimos términos:
—En 1722, el señor de Favras ingresó en mis guardias suizos, y renunció a su plaza en 1775; no le he hablado desde esta época.