La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Por eso cuando entró en su casa, y como el tambor le hiciera su visita, Pitou le ordenó que anunciara para el día siguiente, domingo, a mediodía, una revista oficial con armas y bagajes, que debía efectuarse en la plaza mayor de Haramont.
Desde aquel momento ya no se dudó que Pitou tendría alguna cosa que comunicar a la guardia nacional de Haramont por parte del gobierno.
Muchos fueron a visitar a Pitou con el objeto de averiguar antes que los otros alguna cosa sobre aquel gran secreto; pero Pitou guardó un majestuoso silencio respecto a los asuntos políticos.
Por la noche, Pitou, a quien estos asuntos no distraían ni más ni menos que los privados, fue a tender sus lazos para conejos y presentar sus cumplidos al padre Clouis, lo cual no le impidió estar a las siete de la mañana en casa del maestro de Dulauroy, sastre, después de haber depositado en su domicilio de Haramont tres conejos y una liebre, informándose luego si la madre Colomba tenía cartas para Catalina.
No había ninguna, y Pitou afligióse al pensar el presentimiento que tendría la pobre convaleciente.
La visita de Pitou al maestro sastre tenía por objeto preguntar si este se encargaría de confeccionar el equipo de la guardia nacional de Haramont, y qué precio exigiría.