La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El maestro hizo las preguntas acostumbradas en semejante caso respecto a la talla de los individuos, preguntas a que Pitou contestó presentando el estado nominal de los treinta y tres hombres, oficiales, sargentos y soldados que componían el efectivo de la guardia cívica de Haramont.
Como todos los hombres eran conocidos del maestro Dulauroy, se calculó el grueso y la talla, y con pluma y lápiz en la mano, el sastre declaró que no podía dar los treinta y tres uniformes bien acondicionados en menos de treinta y tres luises.
Y aun así, Pitou no podía reclamar por este precio paño del todo nuevo.
Pitou protestó, pretendiendo que sabía de la misma boca del general Lafayette, que había equipado a los tres millones de hombres que componían la guardia cívica de Francia, a razón de veinticinco libras por individuo, o sean setenta y cinco millones en conjunto.
El maestro sastre contestó que en semejante cifra, aunque se perdiese en el detalle, había medio de resarcirse en el total; y que lo único que él podía hacer —siendo esta su última condición— era equipar a la guardia cívica de Haramont al precio de veintidós francos por hombre, con tal que el pago fuese adelantado.