La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Pitou sacó un puñado de oro de su bolsillo, declarando que esto no sería ningún impedimento; pero que tenía el dinero muy contado; que si el maestro Dulauroy rehusaba confeccionar los treinta y tres uniformes por veinticinco luises, iría a proponer el negocio al maestro Bligny, su cofrade y rival, y que si había hablado antes con Dulauroy, dándole la preferencia, era porque tenía amistad con la tía Angélica.

Pitou, en efecto, se alegraba de que su tía supiese indirectamente que él manejaba el oro, y no puso en duda que aquella misma noche el sastre le hablaría de lo que había visto, es decir, que Pitou era rico como Creso.

La amenaza de hacer en otra parte tan importante pedido produjo efecto, y el sastre pasó por donde quiso Pitou, el cual exigió además que su uniforme fuera de paño nuevo, aunque no le pusieran fino, lo que le importaba poco, pero se le debía dar también las charreteras.

Esto produjo otra discusión no menos larga y animada que la primera; pero Pitou triunfó también, gracias a la terrible amenaza de obtener del maestro Bligny lo que no alcanzase del maestro Dulauroy.

El resultado de toda la discusión fue el comprometerse el sastre a entregar, el sábado siguiente, treinta y un uniformes de soldado, dos de sargento y uno de teniente, así como el de capitán con sus charreteras.


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