La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En el caso de no hacerse la entrega con exactitud, el pedido quedarÃa de cuenta del sastre, pues la ceremonia de la Federación de Villers-Cotterêts y de los pueblos inmediatos, debÃa celebrarse al dÃa siguiente de dicho sábado.
Esta condición fue aceptada como las demás.
A las nueve de la mañana, el asunto estaba terminado.
A las nueve y media, Pitou entraba en Haramont muy enorgullecido por la sorpresa que preparaba a sus conciudadanos.
A las once, el tambor tocaba llamada.
Al mediodÃa se hizo maniobrar a la guardia nacional, en la plaza pública del pueblo, con su acostumbrada precisión.
Al cabo de una hora terminó el acto, habiéndose dispensado a la valerosa tropa no pocos elogios por su jefe, mientras que las buenas mujeres, los niños y los ancianos contemplaban aquel conmovedor espectáculo con el mayor interés. Pitou llamó al sargento Claudio Tellier y al teniente Desiré Maniquet, y les mandó que reuniesen sus hombres y les ordenasen de parte de él, de la del doctor Gilberto, de la del general Lafayette y de la del Rey, a pasar a casa del maestro Dulauroy, sastre en Villers-Cotterêts, que debÃa comunicarles algo importante.