La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Por eso, desde las nueve de la mañana el altar de la patria se comenzó a revestir de un magnífico tapiz de Aubusson cubierto de una sabanilla guarnecida de blonda, sobrepuesta de un cuadro que representaba la predicción de San Juan en el desierto, y sobre el altar veíase un dosel de terciopelo con crespones de oro y cortinillas de brocado.
Los objetos necesarios para la celebración de la misa se debían suministrar naturalmente por la iglesia, y nadie se inquietó sobre esto.
Además, cada ciudadano, como en el día de Corpus, había puesto delante de su puerta o en la fachada de su casa, colgaduras adornadas con ramos de yedra o tapicerías que representaban flores o personajes.
Todas las jóvenes de Villers-Cotterêts y de los alrededores, vestidas de blanco, luciendo en su talle un cinturón de color, y llevando en la mano una rama de follaje, debían rodear el altar de la patria.
Por último, dicha la misa, los hombres debían prestar juramento a la Constitución.
Desde las ocho de la mañana, la guardia nacional de Villers-Cotterêts esperaba a la guardia cívica de los diferentes pueblos, fraternizados con ella a medida que iban llegando.
Inútil sería decir que todas aquellas milicias patrióticas, la que se esperaba con más impaciencia era la de Haramont.