La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Todas las manos aplaudieron simultáneamente; todos aquellos hombres libres de la vÃspera, o más bien, apenas desencadenados, estaban ávidos por conocer los derechos reconquistados para ellos, de los cuales no habÃan disfrutado aún.
Y tenÃan mayor deseo de oÃr la palabra de Billot, que no aquella que el abate Fortier llamaba palabra divina.
Colocado entre el alcalde, representante de la fuerza legal, y Pitou, que representaba la del ejército, Billot extendió la mano, y de memoria, pues el honrado labrador no sabÃa leer, según se recordará, pronunció con voz sonora las palabras siguientes, que toda la población escuchó de pie, silenciosa, con la cabeza descubierta:
DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE
ARTICULO PRIMERO.
Los hombres nacen y quedan libres e iguales por sus derechos. Las distinciones sociales no se pueden fundar sino sobre la multitud común.
ARTICULO SEGUNDO.
El objeto de toda asociación polÃtica es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre, que son: la propiedad, la seguridad, y la resistencia a la opresión.