La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Por preocupado que Pitou estuviese, habÃa en él un órgano en el que esta circunstancia no influÃa jamás, y era su estómago, de lo cual resultó que Billot, a pesar de su mirada perspicaz, no pudo ver en su convidado más que la satisfacción que le producÃa el aspecto de una excelente sopa de col y del plato de carne y tocino que la siguió.
Era evidente, no obstante, que Billot deseaba saber si era la casualidad o un designio premeditado lo que habÃa traÃdo a Pitou a la granja.
Por eso, en el momento en que se retiraba la carne y tocino para servir un cuarto de cordero asado, plato cuya entrada observaba Pitou con visible alegrÃa, el labrador, descubriendo de pronto sus baterÃas, dijo directamente a Pitou:
—Ahora que ves que siempre eres bien venido a la granja, ¿quieres decirme qué te ha inducido a venir hoy aqu�
Pitou paseó una mirada en torno suyo para asegurarse de que no habÃa otras indiscretas, y contestó al punto mostrando una veintena de lazos arrollados en su muñeca a guisa de pulsera:
—Esto os lo dirá y bien podéis comprenderlo.
—¡Ah, ah! —exclamó el padre Billot—, ¿has despoblado ya los cotos de Lougpré y de Taille-Fontaine y te vienes ahora por estos sitios?