La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Catalina no se habÃa engañado; a pesar de la afabilidad con que recibió a Pitou, su padre parecÃa estar más sombrÃo que nunca. Dio una especie de apretón de manos a Pitou, y este notó que tenÃa la mano frÃa y húmeda. Su hija, según costumbre, le presentó sus mejillas pálidas y temblorosas; pero Billot se contentó con besar su frente; y en cuanto a la madre Billot, levantóse con un movimiento que era natural cuando su marido entraba, y que participaba a la vez del sentimiento de su inferioridad y de su respeto; pero el labrador ni siquiera fijó su atención en esto.
—¿Está preparada la comida? —preguntó.
—SÃ, marido —contestó la madre Billot.
—Pues entonces a la mesa —dijo—, porque aún tengo muchas cosas que hacer antes de la noche.
Todos pasaron al pequeño comedor de la familia que daba al patio, y nadie podÃa entrar en la cocina, viniendo de fuera, sin cruzar por delante de la ventana por donde penetraba la luz en dicho comedor.
Se agregó un cubierto para Pitou, a quien se colocó entre las dos mujeres, vuelto de espaldas a la ventana.
