La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Billot tocó con la espuela a su caballo y penetró bajo la bóveda de la puerta cochera.
Pitou se volvió hacia Catalina.
—¿Es eso lo que ibais a decirme? —preguntó.
—Sí… Hoy está más sombrío aún que los días anteriores…
Y añadió en voz baja:
—¡Oh, Dios mío! ¡Acaso sabrá!…
—¿Qué, señorita? —preguntó Pitou, que había oído a Catalina, aunque habló muy bajo.
—Nada —contestó la joven entrando en su habitación, cuya ventana cerró al punto.