La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Yo me habÃa dicho: «A fe mÃa, hoy es el dÃa de las liebres; tanto importa que mate una en este o en aquel lado del bosque, y, por lo tanto, visitaré el terreno del padre Lajeunesse. Y veré cómo funciona una escopeta montada en plata». Por lo tanto, he fundido trece balas en vez de doce, y a fe que el arma las conduce muy bien.
—SÃ, ya lo sé, es muy buena escopeta.
—¡Oh!, doce balas —observó Pitou—, ¿habrá tiro al blanco en alguna parte, señor Billot?
—No —contestó el labrador.
—¡Ah!, es que yo conozco la escopeta montada en plata, como se llaman en los alrededores —continuó Pitou—, y he visto cómo funciona cuando fui a la fiesta de Boursonnes, dos años hace. Allà fue donde ganó el cubierto de plata con que coméis ahora, señora Billot, y el vaso en que bebéis, señorita Catalina… Pero ¿qué tenéis? —exclamó Pitou al ver que la joven palidecÃa.
—Nada… —contestó Catalina, abriendo los ojos casi cerrados e irguiéndose en su silla, en la cual se habÃa recostado medio desmayada.
—¿Qué quieres que tenga? —preguntó Billot encogiéndose de hombros.