La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pitou salió de la granja aturdido; mas por las palabras de Catalina había visto luz en todo cuanto hasta entonces era oscuro para él, y esta luz le cegó.
Pitou sabía lo que deseaba saber y más aún.
Sabía que el vizconde Isidoro de Charny había llegado aquella mañana a Boursonnes, y que si se aventuraba a ir a ver a Catalina en la granja, corría el riesgo de recibir un balazo.
Sobre este punto no quedaba la menor duda: las palabras de Billot, parabólicas en un principio, se habían aclarado con las que Catalina pronunció; el lobo que se había visto rondar el año último por la granja, y al que se creía alejado para siempre, se había visto aquella misma, mañana cerca del tallar de Ivors, en el camino de París a Boursonnes; y este lobo no era otro que Isidoro de Charny.
Para él se había limpiado la escopeta, y para él era una de las balas fundidas.
Según se ve, esto se hacía grave.
