La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Sé que se hablará de guerra; pero no estoy bien informado sobre la causa de esta.
—¡Oh, Dios mÃo! —exclamó Mirabeau—, es muy sencillo: la Europa está dividida en dos partes; Austria y Rusia por un lado, e Inglaterra y Prusia por el otro, profesan el mismo odio a la revolución. Para las dos primeras la manifestación no es difÃcil, porque es su opinión propia; pero la liberal Inglaterra, la filosófica Prusia, necesitan tiempo para decidirse, para pasar de un polo a otro, para abjurar, renegar y confesar que son… lo que realmente son: enemigos de la libertad. Inglaterra, por su parte, ha visto al Brabante tender la mano a Francia, lo cual apresuró su decisión. Nuestra revolución, doctor, es vivaz, contagiosa; es más que una revolución nacional, es humana. El irlandés Burke, discÃpulo de los jesuitas de Saint-Omer, enemigo encarnizado de Pitt, acaba de lanzar contra Francia un manifiesto que le ha sido pagado en buen oro por aquel ministro. Inglaterra no hace la guerra a Francia porque no se atreve aún; pero abandona la Bélgica al emperador Leopoldo, y va al fin del mundo a buscar contienda a nuestra aliada España. Ahora bien, Luis XVI ha manifestado a la Asamblea que armaba catorce buques, y de aquà la gran discusión de hoy. ¿A quién pertenece la iniciativa de la guerra? He aquà la cuestión.