La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Un amigo mÃo, que yo quisiera que fuese también vuestro, muy entendido en las ciencias naturales, y hasta, según pretende, en las ocultas, me ha dado la receta de este brebaje, el cual considera como un antÃdoto, como una panacea universal, casi un elixir de vida. Con frecuencia, cuando me sentà dominado por esos sombrÃos pensamientos que conducen a nuestros vecinos de Inglaterra a la melancolÃa, al esplÃn[20] y hasta la muerte, bebà algunas gotas de este licor, y debo confesar que el efecto fue siempre saludable y rápido. ¿Queréis probarlo a vuestra vez?
—De vuestra mano, querido doctor, lo recibiré todo, aunque sea la cicuta, y con mucha más razón el elixir de vida. ¿Se ha de hacer algún preparado, o se bebe puro?
—No, porque este licor es en realidad muy fuerte. Decid a vuestro criado que os traiga algunas gotas de aguardiente o de espÃritu de vino en una cuchara.
—¡Diablo! ¡EspÃritu de vino o aguardiente para dulcificar vuestra bebida! Eso debe ser fuego lÃquido; yo no sabÃa que un hombre le hubiese bebido desde que Prometeo le sirvió al abuelo del género humano; mas os advierto que dudo que mi criado encuentre en toda la casa seis gotas de aguardiente; yo no soy como Pitt, y no voy a buscar en eso mi elocuencia.