La Condesa de Charny

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Capítulo LXVII

DONDE SE VE LO QUE HABÃA SIDO DE CATALINA

PERO SE IGNORA LO QUE LLEGARÃ A SER

Durante la noche del 5 al 6 de julio, a eso de las once, el doctor Raynal, que acababa de acostarse con la esperanza —tan a menudo defraudada en los cirujanos y los médicos— de dormir bien, fue despertado por tres fuertes golpes en su puerta.

Ya sabemos que era costumbre del buen doctor, cuando llamaban durante la noche, abrir él mismo, a fin de ver antes a las personas que pudieran necesitarle.

Esta vez, como las otras, saltó de su lecho, se puso la bata y las zapatillas, y bajó tan rápidamente como era posible su estrecha escalera.

Por diligente que fuera, sin duda le pareció al visitante nocturno que tardaba demasiado, pues comenzó a llamar, pero esta vez sin medida, cuando de pronto se abrió la puerta.

El doctor Raynal reconoció al mismo lacayo que le había ido a buscar cierta noche para conducirle al alojamiento del vizconde de Charny.

—¡Oh! —exclamó el doctor al verle—, ¿vos aquí otra vez? Entended bien que no me quejo; pero si vuestro amo estuviese herido de nuevo, sería preciso que ande con más cuidado, pues no conviene ir así a los lugares donde llueven balas.


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