La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

Terminada la misa, el obispo bajó algunos escalones y bendijo la bandera nacional, así como las de ochenta y tres departamentos.

Después comenzó la ceremonia del santo juramento.

Lafayette juraba el primero, en nombre de los guardias nacionales del reino.

El presidente de la Asamblea nacional juraba el segundo, en nombre de Francia.

El Rey juraba el tercero en su propio nombre.

Lafayette se apeó del caballo, atravesó el espacio que le separaba del altar, franqueo los escalones, desenvainó su espada, y apoyando la punta en el libro de los Evangelios, dijo, con voz firme y segura:

—Juramos ser siempre fieles a la nación, a la ley y al Rey; mantener con todas nuestras fuerzas la Constitución decretada por la Asamblea nacional y aceptada por el Rey; proteger, según las leyes, la seguridad de las personas y las propiedades, la circulación de los trigos y demás subsistencias en el interior del reino; cuidar de que ingresen las contribuciones públicas, sea cual fuere la forma en que existan, y mantener unidos a todos los franceses por los lazos indisolubles de la fraternidad.

Durante la ceremonia de aquel juramento reinó un silencio profundo.


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