La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Precisamente —contestó Billot—, pues el crimen de uno es el de todos; y el doctor Gilberto, a quien me quejé, me dijo «¡Pobre Billot, lo que te sucede a ti les ha pasado ya a cien mil padres! ¿Qué harÃan los jóvenes nobles si no robasen las hijas del pueblo, y los viejos si no comieran el dinero del Rey?».
—¡Ah! ¿Eso te ha dicho el doctor Gilberto?
—¿Le conocéis?
—Yo conozco a todos los hombres —contestó el extranjero—, como te conozco a ti, Billot, el labrador de Pisseleu, como conozco a Pitou, el capitán de la guardia nacional de Haramont, como conozco al vizconde Isidoro de Charny, señor de Boursonnes, y como conozco a Catalina.
—Ya te he dicho que no pronuncies ese nombre.
—¿Por qué?
—Porque ya no existe Catalina.
—¿Qué ha sido de ella?
—¡Ha muerto!
—Nada de eso, padre Billot —exclamó Pitou—, no ha muerto, puesto que…
Sin duda iba a decir: «Puesto que yo sé dónde está, y que la veo todos los dÃas»; pero Billot repitió con un tono que no admitÃa réplica:
—¡Ha muerto!
Pitou se inclinó; habÃa comprendido.