La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Catalina, viva para los demás tal vez, habÃa muerto para su padre.
—¡Ah, ah! —exclamó el desconocido—, si yo fuera Diógenes[26] apagarÃa mi linterna, pues creo que he encontrado un hombre.
Y levantándose al punto, ofreció el brazo a Billot, diciéndole:
—¡Hermano, ven a dar una vuelta conmigo, mientras que ese buen muchacho concluye con su botella de vino y su salchichón!
—Con mucho gusto —contestó Billot—, porque comienzo a comprender lo que vienes a ofrecerme.
Y cogiendo el brazo del desconocido, dijo a Pitou:
—Espérame aquÃ; pronto vuelvo.
—OÃd, padre Billot —dijo Pitou—, si tardáis mucho me aburriré, pues no me queda más que medio vaso de vino, un pedacito de salchichón y una corteza de pan.
—Está bien, mi buen Pitou —dijo el extranjero—, conocemos la medida de tu apetito, y se te enviará con qué tomar paciencia mientras que nos esperas.
En efecto, apenas el desconocido y Billot hubieron doblado el ángulo de una de las paredes de verdura, cuando otro salchichón, un segundo pan y una tercera botella de vino adornaban la mesa de Pitou.
Este último no comprendÃa nada de lo que acababa de pasar, y estaba a la vez asombrado e inquieto.