La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Ocho dÃas habÃan transcurrido desde los acontecimientos que acabamos de referir, y si nuestros lectores quieren encontrar a varios de los principales personajes de nuestra historia, personajes que no tan sólo tuvieron su importancia en el pasado, sino que deben tenerla igualmente en el porvenir, es preciso que se coloquen con nosotros junto a esa fuente de la calle de Plâtrière, donde hemos visto a Gilberto, niño aún, mojar su pan duro algunas veces.
Una vez aquÃ, seguiremos a un hombre que no tardará en pasar, y a quien se reconocerá, no por su traje de federado —traje que después de la marcha de los cien mil representantes enviados por Francia, no podrÃa menos de llamar la atención más de lo que nuestro personaje quisiera—, sino vestido sencillamente como un rico arrendatario de los alrededores de ParÃs.
No necesito decir ahora, lector, que aquel personaje no era otro sino Billot, el cual sigue la calle de San Honorato, costea las verjas del Palacio Real —al que el regreso del duque de Orleáns, desterrado más de ocho meses en Londres, ha devuelto todo su esplendor nocturno—, toma por la izquierda la calle de Grenelle y penetra sin vacilar en la de Plâtrière.
