La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Jura —continuó el presidente—, honrar y respetar el veneno, el hierro y el fuego, como medios rápidos, seguros y necesarios para purgar el globo por la muerte de aquellos que tratan de envilecer la verdad o de arrancarla de nuestras manos.
—¡Juro! —repitió Billot.
—Jura huir de Nápoles, de Roma, de España y de toda tierra maldita; jura huir de la tentación de revelar nada de cuanto puedas ver y oÃr en nuestras asambleas, porque el rayo no será tan rápido para herirte, dondequiera que te halles oculto, como nuestro invisible e inevitable cuchillo.
—¡Lo juro! —repitió Billot.
—Y ahora —dijo el presidente—, vive en nombre del Padre, del Hijo y del EspÃritu Santo.
Un hermano oculto en la sombra abrió la puerta de la cripta donde se paseaban los hermanos inferiores de la orden esperando a que terminase la triple recepción. El presidente hizo una señal a Billot, y este se inclinó y fue a reunirse con los hombres con quienes le asociaba el terrible juramento que acababa de pronunciar.
—¡El número 2! —dijo el presidente en alta voz, cuando se hubo cerrado la puerta detrás del nuevo adepto.
El tapiz que ocultaba la puerta del corredor se levantó lentamente, y viose aparecer el joven.