La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau La vuelta a ParÃs de M. de San Lucas
Desde la partida de Catalina, el rey, a pesar de la confianza que tenÃa en el embajador enviado a Angers, sólo pensaba en armarse contra las tentativas de su hermano.
ConocÃa por experiencia el carácter de su familia: sabÃa todo lo que puede un pretendiente a la corona, es decir, el hombre nuevo, contra el poseedor legÃtimo, esto es, contra el hombre gastado y enojoso.
DivertÃase, o más bien se aburrÃa como Tiberio, en formar con Chicot listas de proscripción, donde inscribÃa por orden alfabético los nombres de todos aquellos que no se habÃan mostrado celosos partidarios suyos.
Estas listas iban siendo cada dÃa más largas.
Y en la S y en la L, es decir, dos veces en vez de una, escribÃa todos los dÃas el nombre de M. de San Lucas.
Por otra parte, la cólera de Enrique contra su antiguo favorito, estaba bien alimentada con los comentarios de la Corte, con las insinuaciones pérfidas de los cortesanos, y con las amargas recriminaciones contra la fuga a Anjou del esposo de Juana de Cossé, fuga que se habÃa convertido en traición desde el instante en que el mismo duque se habÃa refugiado en la provincia.
