La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau Los acechadores
Aurilly y el duque de Anjou se cumplieron mutuamente la palabra: el duque retuvo consigo a Bussy todo lo que pudo durante el dÃa, con objeto de no perderle de vista.
Bussy no deseaba otra cosa más que hacer por el dÃa la corte al prÃncipe para tener la noche libre. Éste era su sistema y le practicaba sin segunda intención.
A las diez de la noche se embozó en la capa, y con su escala debajo del brazo se dirigió hacia la Bastilla.
El duque, ignorando que Bussy tenÃa una escala en su aposento, y no pudiendo creer que de aquella manera se aventurase solo por las calles de ParÃs, pensando además que pasarÃa por su palacio para tomar un caballo y un criado, perdió diez minutos en preparativos, durante los cuales, Bussy listo y enamorado, recorrió las tres cuartas partes de su camino.
Todo le salió a nuestro gentilhombre a pedir de boca como sucede de ordinario a las personas atrevidas; no tuvo ningún mal encuentro, y aproximándose a la ventana vio la luz que reflejaba en los vidrios.
Era la señal convenida entre él y Diana.
Lanzó la escala al balcón; aquella escala tenÃa seis garfios colocados unos hacia arriba y otros hacia abajo, de modo que siempre se asÃan de alguna parte.
