La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau Continuación del anterior
Hubo un instante de silencio, al cabo del cual dijo:
—Y bien, señor conde, ¿qué tenéis que decirme de parte de los señores de Guisa?
—Muchas cosas, monseñor.
—¿Os han escrito?
—¡Oh, no, monseñor! Los señores de Guisa no escriben ya desde la singular desaparición de maese Nicolás David.
—Entonces habréis estado en el ejército.
—No, monseñor, ellos son los que han venido a ParÃs.
—¡Los Guisa en ParÃs! —murmuró el duque.
—SÃ, monseñor.
—¡Y no les he visto yo!
—Son demasiado prudentes para exponerse y exponer al mismo tiempo a Vuestra Alteza.
—¿Cómo no me han avisado?
—Ya lo hacen, puesto que vengo yo a eso.
—¿Y qué vienen a hacer aqu�
—Vienen a la cita que les habéis dado.
—¿Yo les he dado una cita?
