La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau El día de Corpus
En los ocho días que transcurrieron hasta el del Corpus se prepararon los sucesos como se prepara una tempestad en el cielo en los calurosos y pesados días del verano.
Monsoreau, restablecido al cabo de cuarenta y ocho horas de fiebre, se ocupó en acechar por sí mismo al ladrón de su honor pero no habiendo descubierto a nadie se convenció de la hipocresía del duque de Anjou y de sus malos propósitos respecto a Diana.
Bussy no suspendió sus visitas de día a casa del montero mayor; pero habiéndole advertido Remigio la vigilancia con que andaba el convaleciente, se abstuvo de visitar a Diana por el balcón.
Chicot repartía el tiempo en dos ocupaciones: la primera cuidar a su amo Enrique de Valois, de quien se separaba lo menos posible, velando por él como una madre por su hijo; la segunda acompañar a su caro amigo Gorenflot, a quién había reducido, no sin trabajo, a volver a su celda, donde el prior le recibió con los brazos abiertos.
En esta primera visita se habló mucho de la piedad del rey, y el prior parecía muy agradecido al honor que Su Majestad dispensaba al convento visitándolo.
