La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau La procesión
Terminada la colación entró el rey en su cuarto con Chicot para ponerse el hábito de penitente, y salió un momento después descalzo, con una cuerda atada por la cintura, y echada la capucha sobre la cabeza.
Mientras tanto, los cortesanos se habÃan disfrazado del mismo modo. El tiempo estaba magnÃfico, y el piso cubierto de flores; todos ponderaban la esplendidez de los altares colocados en la carrera, y sobre todo del que los frailes de Santa Genoveva habÃan preparado en la cripta de la capilla.
Una inmensa multitud llenaba las calles que debÃa recorrer el rey, y principalmente aquellas en que se hallaban los conventos done debÃa detenerse, que eran los Jacobinos, el Carmen, Capuchinos y Santa Genoveva.
AbrÃa la marcha el clero de Saint-Germain-l’Auxerrois; seguÃa luego el arzobispo de ParÃs con el Santo Sacramento, precedido de niños que marchaban de espaldas e iban incensando al SantÃsimo, y de niñas que le arrojaban hojas de rosa.
Detrás iba el rey seguido de sus cuatro amigos, todos descalzos según hemos dicho, y vestidos de penitentes y precediendo al duque de Anjou, que iba con su traje ordinario, acompañado de toda su Corte y seguido de los grandes dignatarios de la corona que ocupaban los puestos que la etiqueta previamente les tenÃa señalados.
