La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau El asesinato
Diana, que creÃa cierta la ausencia de su marido, recibió sin temor en su estancia a Bussy, el cual se presentó también sin cuidado alguno.
Jamás habÃa estado tan alegre la hermosa joven: jamás Bussy habÃa sido tan feliz. En ciertos instantes cuya gravedad conoce el alma, el hombre une sus facultades morales a todos los recursos fÃsicos que los sentidos pueden darle, y de esta manera se concentra y se multiplica, aspirando, por decirlo asÃ, con todas sus fuerzas, la vida que puede acabársele de un momento a otro sin que sepa la causa.
Diana, conmovida por el temor del duelo que debÃa efectuarse al dÃa siguiente, y tanto más turbada, cuanto más procuraba ocultar su turbación, manifestaba a Bussy más ternura que de ordinario; la tristeza, mezclándose con los pensamientos amorosos, comunica al amor el perfume de poesÃa que le falta; la verdadera pasión no se manifiesta con una alegrÃa bulliciosa, y los ojos de una mujer sinceramente prendada, más veces están húmedos que brillantes.
