La Dama de Monsoreau

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LXXXVIII

El asesinato

Diana, que creía cierta la ausencia de su marido, recibió sin temor en su estancia a Bussy, el cual se presentó también sin cuidado alguno.

Jamás había estado tan alegre la hermosa joven: jamás Bussy había sido tan feliz. En ciertos instantes cuya gravedad conoce el alma, el hombre une sus facultades morales a todos los recursos físicos que los sentidos pueden darle, y de esta manera se concentra y se multiplica, aspirando, por decirlo así, con todas sus fuerzas, la vida que puede acabársele de un momento a otro sin que sepa la causa.

Diana, conmovida por el temor del duelo que debía efectuarse al día siguiente, y tanto más turbada, cuanto más procuraba ocultar su turbación, manifestaba a Bussy más ternura que de ordinario; la tristeza, mezclándose con los pensamientos amorosos, comunica al amor el perfume de poesía que le falta; la verdadera pasión no se manifiesta con una alegría bulliciosa, y los ojos de una mujer sinceramente prendada, más veces están húmedos que brillantes.


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