La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau Bussy encuentra al mismo tiempo el retrato y el original
A las cuatro de la tarde concluyó la cacerÃa; y a las cinco, como si el rey hubiese previsto los deseos del duque de Anjou, toda la comitiva entraba en ParÃs por el arrabal de San Antonio.
M. de Monsoreau, con el pretexto de que tenÃa que ponerse en camino en aquel momento mismo, se despidió de los prÃncipes y se dirigió con su equipaje hacia Fromenteau.
El rey, al pasar frente a la Bastïlla, hizo notar a sus amigos la altiva y sombrÃa apariencia de la fortaleza, como recordándoles la suerte que les esperaba si alguna vez se convertÃan en enemigos suyos.
Muchos se dieron cuenta de la insinuación y redoblaron sus atenciones para con el monarca.
Entretanto el duque de Anjou decÃa en voz baja a Bussy, que iba junto a él:
—Mira bien, Bussy, mira bien a la derecha, esa casa de madera que tiene en la pared una pequeña estatua de la Virgen; sigue con la vista la misma lÃnea y cuenta con la de la Virgen otras cuatro casas.
—Bien —repuso Bussy.
—Es la quinta —añadió el duque—, justamente la que hace frente a la calle de Santa Catalina.
