La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau Historia de Diana de Meridor
Bussy se levantó aturdido con su felicidad y entró precedido de Diana en el salón de donde acababa de salir M. de Monsoreau.
Contemplaba a Diana con sorpresa y admiración: no se había atrevido a creer que la mujer que buscaba pudiese sostener la comparación con la hada de su sueño, y ahora la realidad sobrepujaba a todo cuanto había tenido por un capricho de su imaginación.
Diana tenía de dieciocho a diecinueve años, lo que equivale a decir que se hallaba en aquella lozanía de la juventud y de la belleza que da su más puro colorido a la flor, su más precioso matiz al fruto. No era posible desconocer la expresión de los ojos de Bussy: Diana comprendía que era admirada; pero no tenía fuerzas para sacar a Bussy de su éxtasis.
Al fin, conociendo que era preciso romper aquel silencio que significaba demasiado, dijo:
—Caballero, habéis contestado a una de mis preguntas, pero no a la otra; os he preguntado quién sois y me lo habéis dicho; pero os he preguntado también cómo os halláis aquí, y a esto no me habéis respondido.
